domingo, 20 de septiembre de 2015

cap 11 (constelaciones)



Cuando entraron en la segunda planta del edificio se dieron cuenta de que todas las demás soldados no dejaban de ir de un lado para otro buscando pareja de habitación y abriendo y cerrando las puertas de los cuartos que estaban colocados a ambos lados del pasillo de ladrillo con la parte que tocaba con el techo con el motivo de camuflaje con el que habían embadurnado todo el centro, todo menos el edificio de blanco impoluto.
Nimb arrastró a Anabeth hasta un cuarto a la derecha del pasillo a cuatro cuartos del baño y a tres de las escaleras, encima de la puerta de madera estaba escrito en color marfil el número siete. Cuando entraron se encontraron con un espacio amplio con una litera de dos camas, un gran armario y un escritorio enorme con cajones en el medio, separando ambos lados, y dos sillas donde ambas pasarían sentadas más tiempo del que ninguna pudiese imaginar, ya fuese estudiando o hablando.
-¡Me pido la litera de arriba!- saltó Nimb con entusiasmo.
-Entonces yo el lado derecho de la mesa- dijo Anabeth intentando mostrarse tan entusiasta como Nimb, sin mucho éxito.
Abrieron el armario de par en par y se quedaron maravilladas con el enorme espacio que este contenía.
-¡Ostras!- dijo Anabeth francamente impresionada.
-Y que lo digas, ¡y yo que creía que me había traído demasiada ropa!- bromeó Nimb.
La cantidad de ropa en la maleta de Nimb no era ninguna broma, incluso con todo el espacio que había allí dentro consiguieron llenar tres cuartos del armario.
Anabeth no tenía nada que desempaquetar, así que decidió ayudar a Nimb con la suya esperando la pregunta de la chica que llegó cuando acababan de terminar de desempaquetarlo todo.
-¿No te has traído tu ropa?- preguntó Nimb con un suspiro de cansancio.
- No pude,  me reclutaron cuando estaba en la universidad y no tuve tiempo ni de despedirme de mis padres- dijo Anabeth con otro suspiro de cansancio.
-Pero… ¿ellos saben que estás aquí?
- Posiblemente, no lo sé, se supone que el instituto les habrá informado sobre mi ida.
-Espera, entonces no tienes ni siquiera tu mochila del insti?- Nimb estaba cada vez más intrigada.
- No, ni siquiera eso- a Anabeth se le hizo un nudo en el estómago.
Era cierto que no tenía ni idea de si sus padres estaban al tanto de su marcha, o si volvería a verles antes de que todo eso terminara, es decir, en un tiempo indefinido pues tenía la certeza de que después de salvar a sus amigos los problemas no iban a terminar.
-¡Qué bien!- dijo Nimb sobresaltando a Anabeth con su inesperada respuesta.
- ¿Perdón?
-Me refiero a que si no tienes ropa te puedo prestar la mía y si no sé qué ponerme  y estoy decidiéndome entre dos conjuntos te doy uno y yo el otro y a sí puedo usar los dos a la vez y como puedes ver me he traído ropa de sobra- hizo una pausa para respirar y luego sonrió- como puedes ver he traído ropa más que de sobra.
Anabeth rió con ganas, por lo menos ese problema estaba solucionado y no tendría que preocuparse por la escasez de ropa, pues  era cierto que con la ropa de Nimb ambas podían vestirse durante un mes sin repetir conjunto.
Ambas se dejaron caer en la cama de Anabeth riendo realmente aliviadas y felices. Cuando ambas terminaron de reír, una voz resonó por el pasillo tal vez demasiado alta:
-Se ruega que todas las alumnas de este edificio se dirijan a la planta baja sin excepción de ninguna, bajen igual que han subido: por las escaleras al final del pasillo.
La voz se cortó cuando el típico timbre del supermercado sonó al igual que había hecho al empezar el breve mensaje.
-Vamos, si no se apiñarán en las escaleras y no podremos llegar a tiempo- Anabeth ayudó a Nimb a levantarse y ambas salieron corriendo de la habitación y bajando las escaleras a toda pastilla.
En la planta baja había dos habitaciones de igual tamaño que podían abarcar a medio pueblo. Una de ellas era la sala de estudio, donde los únicos muebles eran sofás y butacas apiñados alrededor de unas mesas más bien minúsculas que abarcaban a duras penas unos cuatro batidos de la cafetería/barra de bebidas que se encontraba al fondo de la estancia.
La otra era la sala a la que Nimb y Anabeth se dirigían, una gran sala similar a un teatro pequeño llena de sillas de plástico con cojines en los respaldos. Había un pequeño escenario al  frente de todas las sillas donde en esos momentos se encontraba una mujer demasiado musculosa, en opinión de Anabeth, que podía llegar a incluso dar miedo pues su cara estaba congelada en una mueca fría y aparentemente enfadada.  Anabeth sintió que un escalofrío recorría su columna cuando los ojos de la gran señora se posaron en ella con una mirada dura y sin sentimiento, se dio cuenta de que si era esa la persona que encontrara su secreto, estaría más que perdida.
-Bienvenidas a todas al centro universitario militar número cinco. Espero que todas os halláis acomodado en vuestras habitaciones y no halláis tenido problemas encontrando pareja de cuarto, si tenéis algún problema con esta debéis mencionárnoslo a mí, la sargento Tomas o a mi compañera también sargento, la señora Adison, a la que conoceréis de dentro de poco, y no tendremos ningún problema en cambiaros con otras parejas que estén dispuestas a hacer el cambio- Anabeth y Nimb se miraron, ninguna de las dos tenía intención de abandonar la habitación o a su amiga, sobre todo después de todo el esfuerzo que les había causado ordenar la ropa las dos supieron que ninguna pasaría por ese tramo otra vez a no ser que fuese estrictamente necesario. Cuando se apagó el murmullo colectivo, la sargento volvió a hablar- espero que todas vosotras paséis un buen curso, ya sabréis que en este primer año las asignaturas obligatorias serán: matemáticas, historia y lengua, igual que en el instituto militar, para las que hayáis asistido. Las demás asignaturas serán optativas que vosotras decidiréis en cara a la carrera que queráis aprender.
La sargento se interrumpió al ver que una de las chicas de las filas del fondo levantaba la mano, Anabeth solo distinguió de ella el pelo moreno pues ella y Nimb habían conseguido sitio en la fila cuatro. La sargento dio permiso para hablar a la chica y esta  comenzó con la voz fuerte pero dudosa:
-¿Las clases serán compartidas con los… um… chicos?- completó la frase como si al no decir la palabra exacta enfurecería (aún más) la expresión de la sargento Tomas.
- Por supuesto, no habrá muchas actividades que hagáis por sexos separados, no es nuestra intención discriminarlos- murmullo de aprobación y suspiro de alivio por parte de Anabeth, no quería separarse de Jake- pero ahora, una noticia que no sé si todas aprobaréis… ¡debéis cortaros el pelo como el mío, por encima de los hombros!- dicho esto se deshizo la coleta y dejó caer una corta melena que no sobrepasaba sus hombros, es más, estaba por lo menos a tres dedos de donde les había prometido.
Muchas chicas protestaron por lo bajo, una de ellas Anabeth, no quería echar a perder su melena marrón por mucho que no fuera ninguna maravilla como la de Nimb quien, al parecer, estaba de acuerdo con dejar que se llevaran sus preciosos tirabuzones.
-Es una magnífica idea, estaba deseando encontrar un cambio de look que me fuese útil y a la vez bonito- sonrió radiante.
Anabeth no compartía ni mínimamente la opinión de Nimb al respecto, pero se consoló pensando que todo esto era por salvar a sus mejores amigos.
-Está bien, vamos allá.  

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. puede que tarde un poco, mi ordenador está con un problema (no es la primera vez ·_·' ) y tal vez *cross fingers* esté para la semana que viene o más... :'(

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